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JUAN GABRIEL MARQU脡S GANA EL I CERTAMEN LITERARIO 鈥淐UENTOS CON DUENDE鈥.

El alumno de 4º ESO B de nuestro Colegio Juan Gabriel Marqués Ameijeiras ha sido declarado ganador en la categoría B (alumnos de 2º a 4º de ESO) del primer premio del I Certamen Literario “CUENTOS CON DUENDE“, convocado a las puertas de la Navidad 2016 por la Concejalía de Educación, Cultura, Patrimonio Histórico, Turismo y Fiestas del Ayuntamiento de Ponferrada.

 

     El jurado, formado por la concejala de Cultura, Dña. María Antonia Gancedo, que actuó como presidenta, Dña. Yolanda Ordás, D. Justo Magaz, D. Jesús Álvarez y D. Carlos Fidalgo ha decidido otorgar el primer premio en su categoría al cuento de Juan Gabriel titulado "NI UNA MÁS" .

 

     El Certamen convocado estaba estructurado en dos categorías. En la categoría “A” participaban alumnos de 5º y 6º de Educación Primaria y 1º de Educación Secundaria. En la categoría “B”, los alumnos de 2º, 3º y 4º de Educación Secundaria Obligatoria.

 

     El premio está dotado con 300, 200 y 100 euros para el 1º, 2º y 3º premio de cada categoría para cada uno de los ganadores y con un libro electrónico para el aula en la que cursa estudios el alumno ganador de cada categoría.

 

    En nombre de todos el Colegio ¡¡ENHORABUENA JUAN GABRIEL!!

 

     A continuación os dejamos el CUENTO GANADOR completo para que lo disfrutéis.

  

 

NI UNA MÁS

 

 Son las 7 de la mañana y otro día más entra por la ventana. Hoy es un día nuevo, una ciudad nueva, una casa nueva… una vida nueva. Me llamo Carlos, tengo 15 años y me acabo de mudar desde Ponferrada hasta Madrid y para que entendáis el porqué de esto que os cuento, os pondré en situación.

 

Hace ya unos años, más o menos ocho, yo vivía en un pequeño pueblo de cerca de Ponferrada con mi madre y mi padre pero cuando yo tenía 7 años mi papá se puso muy malito. Mi madre dijo que se había ido para siempre pero que no me pusiera triste porque se había mudado a una estrella. Por supuesto, nunca volvió. Un tiempo después, cuando yo era más mayor, ella me dijo que había muerto de cáncer.

 

Mi madre estuvo triste mucho tiempo. Pasaron los días y poco a poco yo iba notando esa luz de nuevo en su mirada, esa luz que se había apagado cuando se fue papá pero no me contaba nada no sé muy bien el por qué.

 

Un día me dijo que quería hablar conmigo de una cosa que era muy importante para ella, supe que era eso, me iba a explicar el porqué de su luz. Me dijo que estaba hablando con un chico, un chico muy guapo y muy majo con el que intentaría superar lo de papá y que volveríamos a tener una vida llena de alegría aunque papá siempre seguiría en nuestros corazones, porque como ella siempre decía: papá es y siempre sería el hombre de su vida.

 

Llegó el día de conocer a Pablo, que así se llamaba el que sería el novio de mi madre. Nos fuimos a cenar con él a un restaurante del centro comercial y realmente me dio muy buena impresión. Era un chico muy alto, de unos 35 años y que emanaba confianza. Una de las cosas en las que me fije fue su olor, el cual era fantástico y se notaba a dos metros a la redonda. Esa cena fue increíble ya que nos invitó a mi madre y a mí, además de regalarme un casco de hípica de una marca que me encantaba pero era carísima lo cual le agradecí infinitamente.

 

Pasó el tiempo muy rápido y cada vez Pablo se quedaba a dormir y a comer más en casa hasta que un día decidieron que lo mejor sería que se viniera vivir con nosotros.

 

A partir de este momento todo cambió en él. Ya no era esa persona alegre que no paraba de alagar a mi madre con piropos y regalos si no que se convirtió en una persona cada vez más pasota que solo se preocupaba por sí mismo y parecía que solo quería a mi madre para hacer las cosas de la casa, una posición muy machista por su parte.

 

Un día la oí hablar con una de sus amigas diciéndole que se estaba empezando a preocupar sobre todo por mí porque Pablo había empezado a quedar con sus amigos en un bar que había al lado de mi casa y que cuando bebía se ponía un poco agresivo pero que no se preocupara que aún no le había hecho nada. Y eso era verdad, aún.

 

Recuerdo perfectamente la noche en que todo empezó, yo ya dormía desde hacía rato y él llego a casa haciendo un ruido estrepitoso, como si hubiera tenido que pelearse con la puerta para entrar, lo cual me despertó pero no me preocupe ya que se quedó todo en silencio. Pero el silencio solo duro unos segundos. Lo siguiente que oí fueron gritos, al principio gritaban los dos pero al cabo de un rato solo se le oía a él. Lo peor fue que cuando los gritos cesaron un golpe resonó por todo el pasillo, de su habitación hasta mis oídos, todo se paró a mi alrededor. Solo escuchaba el latir de mi corazón, noté como las lágrimas mojaban mi cara y cesaron cuando escuché como la puerta de mi habitación se abría. El miedo hizo que dejara de respirar pero de repente oí la voz de mamá, salté de la cama me abracé a ella, todo está bien- me dijo- dormiré contigo, Pablo se ha tenido que ir. Ese fue el principio.

 

Mamá no quería decirme qué pasaba, estaba siempre triste y aunque yo le hacía tonterías para que se riera como hacía antes todo había vuelto a cambiar, Pablo ya no venía todos los días pero la noche que venía discutían por todo, yo me encerraba en mi habitación, ya hacía tres años que había muerto papá, pero cada noche me acordaba de él y mirando por mi ventana le rezaba a aquella estrella que brillaba en el cielo, aquella que mamá me había dicho que era la de papá y le pedía con los puños cerrados y los ojos llenos de lágrimas que me diera fuerza para ayudar a mamá o mejor que viniera y nos cuidara, porque para eso era mi papá, para cuidarme y cuidarla a ella pero como cada noche, terminaba tapándome la cabeza con las  mantas y durmiéndome cuando todo se quedaba en silencio.

 

Deje de ir a montar a caballo porque no me apetecía estar con gente, vigilaba a mamá porque había oído a mis abuelos decir que tenía depresión, que no superaba lo de papá y tenían miedo de que quisiera suicidarse, no podía imaginar mi vida sin ella también, pasaba muchas noches despierto, sentado en el suelo de mi habitación al lado de mi puerta para no quedarme dormido para así escucharla por si se levantaba y hacía cualquier locura. Nadie sabía la verdad de lo que pasaba en casa y yo no tenía el valor para decirlo, ya no eran solo las marcas sobre las que ella mentía diciendo que eran golpes contra cosas sino que eran peor las amenazas con hacerme algo a mí, Pablo decía que si se le ocurría decir algo a la gente yo pagaría las consecuencias además que nadie la creería porque para la gente incluidos mis abuelos él era un buen tío con mucha paciencia con mi madre y que se estaba encargando de un niño como si fuera su hijo y aprovechando eso, él decía cuándo tenía que salir, cómo tenía que vestirse o con quién podía hablar por teléfono y ella nunca dijo que no, si algún día él le pegaba y yo por la mañana le decía algo a ella siempre me contestaba que era culpa suya, que ya sabía que eso no podía hacerlo. Yo al principio no la entendía pero con el tiempo empecé a pensar como ella y a sentir que Pablo tenía razón, ella dejo de trabajar y si él era el que pagaba todo, pues tenía derecho a mandar en nosotros. 

 

En la calle éramos una familia normal pero en casa era un infierno, yo me encerraba en mis estudios porque quería hacerme mayor y tener dinero para ayudar a mamá, además, no quería ser el motivo de broncas en casa y quería que ella estuviera orgullosa de mí, era lo único que me hacía feliz. No tenía amigos porque siempre he sido muy introvertido y además no quería confiar mi gran secreto a nadie.

 

Ya no me apetecía como antes irme al pueblo a casa de mis abuelos por parte de padre, antes me encantaba porque la abuela María me hablaba de papá y eso me hacía sentirme un poquito más cerca de él. Tenía miedo de olvidar su cara, su sonrisa y sus manos que sabían agarrarme fuerte para que no me cayera del caballo, pasión que compartíamos. El tiempo pasaba muy deprisa y su figura se borraba de mi recuerdo. Pero ahora ir para allí suponía dejar a mamá sola y eso me resultaba muy doloroso, sabía que por lo menos si yo estaba cerca, ella no se sentía tan sola, pero por otra parte los abuelos pensaban que ya los estaba olvidando y olvidando a papá ¡que injusto era todo! ¿Por qué era tan cobarde y no me atrevía a contarlo? Me consolaba hablando con esa estrella y explicarle a papá todo lo que pasaba y a veces cuando la miraba parecía como que de repente brillaba más, como si quisiera decirme: Carlos, sé fuerte y cuéntalo- pero que iba a hacer yo, un niño de 12 años al que nadie creería porque su padrastro era un tío genial en la calle.

 

Las navidades llegaron, yo tenía ya 13 años y mis abuelos quisieron que pasara la nochebuena con ellos y mamá me dijo que debía ir, que ella estaría bien y que mis abuelos me echaban mucho de menos. Me fui con ellos y fue genial, ¡llevaba tanto tiempo sin reírme tanto! Cantamos villancicos, hicimos galletas… vamos, que fue estupendo. El día de navidad la abuela María me trajo álbumes de fotos de papá y un álbum de cuando mamá y papá se conocieron. Nos reímos un montón viendo aquellas fotos y le pedí a la abuela unas cuantas, quería enseñárselas a mamá.

 

A la noche llegue a casa y mamá tenía un ojo morado, como siempre, dijo que se había dado un golpe, no pregunte más, sabia de sobra lo que había pasado. Pablo no estaba. Para hacerla reír le enseñe aquellas fotos tan… ridículas para mí, con esas pintas pero en vez de hacerla reír solo conseguí que llorara como hacía mucho que no la veía llorar, me dijo que echaba tanto de menos a papá, yo la abracé porque sabía lo que sentía, a mí me pasaba lo mismo.

 

Nos fuimos a dormir y como era costumbre ya, cuando Pablo no estaba ella dormía en mi cama. No sé cuánto tiempo habría pasado desde que nos dormimos, oí un golpe en la puerta de mi habitación, era él, venía borracho y dando voces porque mamá estaba en mi habitación, ella se levantó corriendo y fue hacia él diciéndole que le perdonara, que iba ya para su cama pero él le dio un bofetón y la tiró al suelo, yo me levanté corriendo a cogerla y se me cayeron las fotos de papá, me quede sin aire, él las vio, las cogió y nos dijo:

-¿sabéis que hago yo con esto?

 

Y las rompió en mil trozos, algo dentro de mi estalló. Me levanté del suelo y fui hacia él, le di un empujón y no sé cuántas cosas le llamé ¡¡¡cómo se atrevía a romper las fotos de mi padre!!! se cayó al suelo pero se levantó y empezó a darme patadas. Mamá también se metió en el medio pero Pablo era mucho más grande, más fuerte...

 

Nos dejó tirados en el suelo, yo estaba sangrando por la nariz pero lo peor era ese sentimiento de impotencia por no poder salvar las fotos de papá.

 

Cuando nos pudimos levantar mamá dijo la palabra mágica “se acabó, ni una más”, llamamos a la policía que no tardó en llegar, vino una ambulancia y nos llevaron al hospital, allí un montón de gente, enfermeras, médicos… se preocuparon por nosotros. Los médicos le dijeron a la policía que mamá tenia huesos rotos de otras palizas porque se veía que estaban ya curados. Todo el mundo se portó muy bien.

 

A Pablo lo detuvieron, pero como no tenía antecedentes lo dejaron salir pronto hasta que fuera el juicio. Mamá estaba muerta de miedo de que él viniera a casa, así que nos fuimos a vivir con sus padres, con mis abuelos, pero un día saliendo de casa allí estaba él, dijo que nos iba a matar a los dos pero antes de que viniera la policía desapareció. Como no teníamos forma de demostrarlo no le hicieron nada pero cada día teníamos más miedo, era muy difícil vivir así.

 

A través de una psicóloga mamá se enteró de la existencia de una asociación de mujeres maltratadas que le ofrecieron ir a un piso tutelado al que nos fuimos y como Pablo no sabía que estábamos allí todo parecía más tranquilo. Hasta que el día del cumpleaños de mamá fuimos a casa de mis abuelos a celebrarlo, ya había pasado año y medio, había salió el juicio y Pablo había sido condenado a dos años de cárcel, pero ese día estaba de permiso y nadie lo sabía. Nos estaba esperando cuando salimos de cenar, le dijo a mamá que venía a darle su regalo y con un cuchillo la apuñalo delante de mí, salió corriendo mientras que yo no paraba de gritar, salieron los vecinos y rápido llego la policía. A mamá la llevaron con heridas muy graves al hospital y yo no era capaz de hablar era como si estuviera flotando.

 

A él lo detuvieron y después de interrogarlo acabo confesando, dijo que había sido él porque quería matarla por haberle dejado. Lo condenaron a 10 años. Mamá estuvo muy grave pero salió del hospital muy fuerte y con más ganas de luchar que nunca y yo… pues yo estoy aquí en esta nueva ciudad con muchas ilusiones y ganas de estudiar. Quiero ser psiquiatra para intentar entender la mente humana y poder curarla, y sobre todo con mi madre, la mejor madre del mundo que encontró las fuerzas para luchar cuando me vio a mí en peligro. TE QUIERO MAMÁ.

 

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